Geográficamente, Grecia se encuentra en la parte meridional de
la península de los Balcanes. Situada en el Oriente del Mediterráneo y
en medio del mundo antiguo, la Hélade, formada por la Península
Balcánica, las islas del mar Egeo y las costas de la península de
Anatolia, en la actual Turquía, pudo fácilmente ocupar, gracias a su
situación admirable, el centro de la cultura y del comercio. Ninguna
otra península europea posee una configuración geográfica tan
accidentada. Sus costas sinuosas forman golfos y bahías, lo que facilita
la navegación. Esta ventaja natural permitió a los griegos alcanzar un
desarrollo en la navegación y el comercio.
Grecia estuvo poblada originalmente por los pelasgos, un
grupo humano relacionado con las antiguas poblaciones del Asia Menor y
de Creta, pertenecientes a la raza Mediterránea. Estos labraban la
tierra y se les atribuyó la fundación de las más antiguas poblaciones.
Al sur de la península de los Balcanes se extiende la gran isla de Creta,
y fue allí donde se da comienzo a una civilización y una cultura que
inmortalizarían a la Grecia clásica. A principios del III milenio a. C.,
la denominada civilización del Egeo evolucionó hasta niveles muy altos.
Las ciudades-estado
Las ciudades-estados surgieron de la fusión entre la población
indígena y los invasores y abarcaban pequeñas comarcas con una ciudad
como centro, la Polis. En general, todos ellas pasaron por etapas
parecidas en cuanto a la evolución de su forma de gobierno. Al comienzo
de esta época eran monarquías, a las que sucedió un gobierno
aristocrático que en buen parte de ellos derivó hacia la democracia.
Grecia estaba formada incialmente por una serie de ciudades
estado independientes, gobernadas por oligarquías aristocráticas, el
aislamiento geográfico impuesto por el territorio que ocupaban y la
necesidad de agruparse para defenderse de las invasiones explicaba la
formación por los griegos de estas ciudades estado. Aunque eran
independientes, a menudo se unían en una liga dentro de la cual la más
importante acababa por imponerse.
Las dos polis más importantes fueron Atenas y Esparta.
Esparta cuidó por encima de todo su poderío militar descuidando el arte
y las actividades económicas, redujeron a los vencidos a la esclavitud
(ilotas). La población se componía de Dorios, Periecos e Ilotas; los
primeros conservaron supremacía mediante las armas. (Ver: La ciudad-estado griega)
Esparta contó con dos reyes de poder ilimitado y veintiocho
ancianos guiados por cinco Eforos, que formaban el senado, el cual
monopolizaba todo el poder volviéndose verdaderos amos del estado.
La guerra era el único móvil de la educación, Esparta quiso
imponer su fuerza desde un principio, Mesenia le resistió heroicamente,
pero fue vencida, después organizó una liga en Peloponeso, de la cual
fue jefe.
Los ciudadanos espartanos gozaban de enormes privilegios sobre
los indígenas sometidos (ilotas y periecos). Estaban gobernados por
reyes de familias diferentes, que se transmitían el cargo por herencia,
la monarquía se mantuvo en Esparta hasta la total decadencia de la
polis.
Atenas la capital del Atica careciendo de militarismo se
convirtió en el motor del mundo Griego. Desarrolló el modelo más
perfeccionado democracia limitada y puso las bases de la sociedad
Occidental. Sus habitantes proclamaron la independencia, la libertad y
la igualdad.
El gobierno comprendió: los Arcontes, el Areópago y el consejo
de los cuatrocientos, dividió el pueblo en cuatro clases según su
fortuna. Las leyes de Solón suavizaron las costumbres y aseguraron la
libertad.
En los primeros siglos del primer milenio, Atenas tuvo un papel
secundario con una economía basada en la agricultura y el pastoreo. A
partir del siglo VI el desarrollo del comercio hizo posible su futura
importancia. Cuando Atenas inició su decadencia, Esparta no pudo
sustituirla.
Junto a estas dos grandes ciudades destacaron también Samos, Mileto, Delos, Argos Epiduro, Corinto, Egina, Calcis, Eritrea y Tebas.
El gobierno de los mejores
Los reyes perdieron el poder a favor de la aristocracia que
eran los más capacitados para dirigir, poseían tierras y podían adquirir
las armas imprescindibles para defender la ciudad. Los que ostentaban
el poder se llamaban Arcontes; al principio el cargo era
vitalicio, hasta que en el siglo VIII a. C. su gobierno se limitó a una
década. Antiguos Arcontes de conducta irreprochable formaban el Areópago,
un tribunal que juzgaba causas civiles y militares; las otras dos
instituciones eran la Bulé, de carácter legislativo formada por 400
ciudadanos elegidos anualmente, y la ecclesia constituida por todos los
ciudadanos y que votaba las leyes presentadas por la Bulé.
A finales del siglo sexto se promulgó la primera legislación de la ciudad de Atenas, el código de Dracón.
Solón realizó una serie de reformas que podían considerarse como un
intento de organizar una democracia, suprimió la esclavitud por deudas y
terminó la lucha entre los grandes propietarios y la burguesía. Estas
reformas no fueron duraderas.
Atenas, al igual que otras muchas ciudades griegas, vivió bajo
el gobierno de un tirano que por el empuje de las clases populares
facilitó su ascensión al gobierno; paradójicamente éstos
abrieron el paso hacia la democracia, el tirano más importante
fue
Pisístrato (560-527 a. C.) quien hizo posible el poderío
posterior
de esta Democracia ateniense
La reforma de Clistenes (510) fue un paso decisivo para
la democratización, distribuyó los demos del Atica en diez tribus
eliminando la división anterior entre el campo, la costa y la montaña;
creo el consejo de los 500 que proponían las leyes y era la suprema
autoridad administrativa, la democracia griega llego a su máxima
expresión con Pericles (443-430)
Pero la democracia griega era restringida. De los 400.000
habitantes que tenia Atenas en el siglo V a. C. solo la décima parte
gozaba de los derechos civiles y políticos, los organismos de la
democracia ateniense era la ecclesia y el Bulé, Pericles
logró que las decisiones políticas y las concesiones de derechos pasaran
por estas instituciones y por el tribunal popular de los heliastas. Por
primera vez los
miembros de estos dos tribunales cobraron dietas, que eran
pagadas
con los tributos federales; la evolución democrática concluyó
con
la admisión de los miembros de la tercera clase, los zeugitas
entre
los Arcontes. La responsabilidad política había pasado de la
aristocracia a los ciudadanos.
Las tiranías
La era de los tiranos griegos (650-500 a. C.) destaca por los
avances logrados en la civilización helénica. El título de tirano
implicaba el acceso ilegal al poder, no el abuso del mismo. En general,
tiranos como Periandro de Corinto, Gelón de Siracusa y Polícrates de
Samos (reinó entre 535 a. C.-522 a. C.) fueron gobernantes sabios y
populares.
El comercio y la artesanía prosperaron. Con el nacimiento de la fuerza política y económica llegó el florecimiento
de la cultura helénica, de un modo especial en Jonia, donde empezaba
a surgir la filosofía griega con Tales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes.
El desarrollo de objetivos culturales comunes a todas las
ciudades helénicas fue uno de los factores que dieron cierta
cohesión a la antigua Grecia a pesar de la división política existente.
En este sentido contribuyó la lengua griega, cuyos muchos dialectos
se entendían en cualquier parte del país o en cualquier colonia.
El tercer aspecto a tener en cuenta fue la religión griega, que
todos los helenos compartían: el santuario de Delfos fue el mayor
y más respetado. En torno a la religión, los griegos también tenían
cuatro festivales nacionales, llamados juegos (los olímpicos, los
ístmicos, los pitios y nemeos).
Los Juegos Olímpicos eran tan importantes que muchos griegos
remontan sus cálculos históricos a la Primera Olimpiada (el periodo de
cuatro años entre la celebración de los Juegos Olímpicos) celebrada en
el año 776 a. C. Relacionada con la religión, en origen al menos, estaba
la
Liga de Anfictionía, organización de tribus helenas que se creó para la
protección y administración de los santuarios.